6 DE MAYO DE 2004 POR CRISTINA M. MONTES

Querido lector:

  

Salimos, salimos otra vez, a rodearnos de emociones.

Paramos en Granada para recoger algunos de nuestros “compis”.

Y, poniéndonos en rumbo al lugar donde el color verdece los olivos pinta el paisaje de color aceituna.
Montados en nuestros propios vehículos y añorando estar juntos, nos dirigimos hacia Cazorla (Jaén), tierra querida por los amantes de la naturaleza y… menos querida por los alérgicos en fechas como éstas.

Y nos encontramos con los campos divinos de olivos, y mas tarde, mas olivos, y luego mas olivos. No, si no cansa, pero son muchos olivos.

  

Llegamos al pueblo. Pequeñito, recogido y al llegar al ayuntamiento donde se ubicaba el teatro, nos causo un ¡ohhh!, la verdad una expresión inefable. Es un teatro que al entrar nos evoca recuerdos del teatro de Motril, (muy collejo por cierto).

Fuimos preparando luces, merienda y ensayando escenas.

  

Acabamos de terminar la obra, un “chachi” por nosotros.

  

Entre bambalinas la risa era tronchante y el publico…su reacción fue buena, muy positiva. Solo que
Estamos acostumbrados a… mil, mil y pico personas y con un publico de unas 300 personas el ruido de las risas se nos hacia menor. Pero no, no nos lo creemos mucho ¡ehh!! Que no hay que acostumbrarse a tanta gente y, como todo publico, es el mejor y lo llevaremos en nuestro corazón.

  

El balance final de la obra ha sido: los niños felices y las niñas pidiendo cervezas, cervezas, ¡Cervezas!
Son las 11 de la noche y vamos a cumplir el deseo de las niñas ¡a tomar birritas!

  

Que alegría pa’ el cuerpo comer, beber y a marcharse que llegaremos… mas tarde.

  

¡¡¡¡¡Un saludito!!!!!

Cristina M. Montes